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Lutero sobre el matrimonio

Selección de textos de Martín Lutero sobre el matrimonio, la sexualidad y la vida conyugal. Traducción y resumen a partir de las obras seleccionadas de Lutero en portugués y español.

Estas citas provienen de diversas obras de Martín Lutero escritas entre 1519 y 1530, donde abordó extensamente el matrimonio como vocación divina. Los textos fueron traducidos y resumidos por el Rev. Juan Pablo Lanterna a partir de las obras seleccionadas de Lutero.

Obras de Lutero · 1519–1530

El matrimonio como vocación divina

Lutero revalorizó el matrimonio frente a una tradición que lo consideraba inferior al celibato. Para él, el matrimonio no es un contrato humano sino una ordenanza de Dios, y la vida conyugal —con todos sus trabajos— es la vocación más noble.

En Génesis 1, Dios dividió los seres humanos en dos partes. Le agradó tanto que lo llamó una buena creatura. Y Dios quiere que esas creaturas sean honradas y respetadas como obra divina, y no permite que el hombre desprecie o ridiculice a la mujer. Ni tampoco la mujer al hombre. Cada cual debe honrar a la persona y el cuerpo del otro como obra buena de Dios, que agrada al propio Dios.

Vida Matrimonial, 1522 — Primera parte

«Fructifiquen y multiplíquense» es más que un mandato, es una bendición de Dios y no nos compete impedirlo o abandonarlo. Así, siendo algo de la naturaleza, quien quiera impedirlo le será imposible, y toma su curso a través de la fornicación, el adulterio y la masturbación, por tratarse de algo de la naturaleza y no de libre voluntad.

Vida Matrimonial, 1522 — Primera parte

El estado matrimonial es el estado más espiritual, por lo que es errado e injusto que se haya denominado a algunos estados «estados espirituales» en tanto el matrimonio fue denominado «estado secular». Las órdenes monásticas deben ser llamadas estados seculares.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

Para Dios, una mujer casada está por encima de una virgen, aun cuando una mujer casada tuviere muchos trabajos y disgustos en su estado, y una virgen mucha alegría, tranquilidad y días agradables.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523
Vida Matrimonial · 1522

Respeto mutuo entre esposos

Lutero insistía en que ambos sexos fueron creados por Dios con igual dignidad, y que despreciar al cónyuge es blasfemar contra la obra divina.

Por una parte, algunos concluyen que la mujer es un mal necesario. Esas son palabras de genios ciegos que no saben que hombre y mujer son creaturas de Dios y blasfeman contra su obra. Si las mujeres escribiesen libros, creo que escribirían las mismas cosas sobre los hombres. Las que, sin embargo, aunque no las escribieran, las expresan en quejas y difamaciones cuando están reunidas.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte

Para no andar en tales cegueras, viviremos de manera cristiana. En primer lugar, observamos que hombre y mujer son obras de Dios. Calla tu boca y el corazón y no recrimines sus obras, llamando malo lo que Él considera como bueno. Él sabe mejor que tú y yo qué es lo mejor y más útil para ti, como dice en Génesis capítulo dos: «No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea». Si tienes otra opinión, es culpa tuya por no entender ni creer en la obra de Dios.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte

Si un hombre fuese a lavar los pañales o realiza cualquier otro servicio despreciable al niño, y todos se burlarán de él diciéndole que es un pendejo y afeminado, sin embargo, si él lo hiciese en la fe cristiana… Dios se alegra con los ángeles y creaturas, no porque el padre lava los pañales sino por hacerlo en la fe.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte
1 Corintios 7 · 1523

Sexualidad y deber conyugal

Lutero abordó la sexualidad conyugal con una franqueza inusual para su época, afirmando que negar el cuerpo al cónyuge es contrario a la ley del amor.

En primera Corintios, San Pablo dice: «La esposa ya no tiene poder sobre su propio cuerpo, sino su esposo; y tampoco el esposo tiene poder sobre su propio cuerpo, sino su esposa. No se nieguen el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para dedicarse a la oración. Pero vuelvan luego a juntarse, no sea que Satanás los tiente por no poder dominarse.»

Vida Matrimonial, 1522 — Segunda parte

Es deber atender a los deseos conyugales, así como es deber al mismo tiempo que debe acontecer de buena voluntad, ya que el matrimonio está subordinado a la ley del amor. En la fornicación, sin embargo, esto no es posible porque en ella nadie tiene poder sobre otro y nadie le debe nada a nadie; cada uno persigue su propia satisfacción en el otro.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

Aquí percibes que una persona está ligada a la otra a tal punto que no se puede privar a una de ellas ni para el ayuno ni para la oración, sin el consentimiento del otro. Esto acontece por causa de la ley del amor en la cual están unidos.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

¿De qué sirve no poder ver u oír, ni tocar ninguna mujer cuando mi corazón está lleno de mujeres y cuando día y noche mis pensamientos se ocupan con mujeres y pienso las cosas más escandalosas de lo que cualquier persona tiene permiso de hacer? ¿De qué sirve privar a una joven para no ver ningún hombre cuando su corazón día y noche se angustia por un joven?

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523
Vida Matrimonial · 1522

Conflictos y reconciliación

Lutero observó que los conflictos del matrimonio pueden ser motivados por problemas sexuales, enfermedades crónicas, problemas de personalidad, influencia de los padres, adulterio, problemas económicos y falta de oración.

Es algo muy diferente estar casado y reconocer la vida matrimonial. Quien está casado y no reconoce la vida matrimonial, jamás podrá vivir en ella sin disgusto, fatiga y miseria. Quien todavía reconoce esta vida encuentra en ella gozo, amor y alegría sin fin. Como dice Proverbios capítulo 18: «El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová.»

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte

El Diablo no tiene mucha afinidad con la vida matrimonial, en virtud de que es la buena voluntad de Dios y su obra.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte

En el caso de que de esto se dé cuenta, ninguna mujer le sería demasiado fea, malvada, malcriada, pobre, enferma que no encuentre con ella gozo de corazón, por el hecho de poder incesantemente exhibir delante de Dios su obra, creación y bondad. Y por percibir que esto es del agrado de Dios, puede disfrutar de paz en el sufrimiento y gozo en medio del disgusto, alegría en medio de la tribulación como mártires en la hora del sufrimiento.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte

Si alguien tiene una mujer enferma, debe permanecer con ella y prestarle ayuda conyugal. Bienaventurado si reconoces esta dádiva de Dios que te envió de servirle. Dios te dará las fuerzas para soportar más de lo que podemos, y te librará de la tentación si por su enfermedad tu cónyuge no puede cumplir con su deber conyugal.

Vida Matrimonial, 1522 — Primera parte
1 Corintios 7 · 1523

Fe en el matrimonio

Para Lutero, la fe transforma el matrimonio. Sin ella, la vida conyugal es miserable; con ella, incluso los sufrimientos tienen sentido.

Donde falta la fe en el matrimonio, la situación es difícil y miserable, llena de preocupaciones, angustia y fatiga. La fe torna buenas todas las cosas, inclusive la muerte y toda desgracia; en cambio, la incredulidad torna todas las cosas de manera perniciosa, inclusive la vida y el propio Dios.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

La fe puede hacer perfectamente uso de todas las cosas, sean buenas o malas, excepto de la incredulidad y sus frutos. Todo lo que hace la fe se torna inofensivo, puro, santo, provechoso y saludable, de modo que el creyente puede convivir con ellas sin peligro. Así, para el cristiano el mundo entero es saludable, puro, útil y provechoso.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

La fe y el estado cristiano son cosa tan libres que no están condicionadas a ningún estado, sino que están por encima de todos los estados, en todos los estados y a través de todos los estados. No hay necesidad de aceptar o abandonar cualquier estado para ser salvo.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

Si no se reconoce interiormente que el estado matrimonial es del agrado de Dios, ya se instaló el disgusto. Esta ordenanza agrada a Dios y por intermedio de ella cuida de nosotros como una madre a sus hijos.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte

Confiamos en Dios. Quien todavía desea una vida matrimonial cristiana no se debe avergonzar de ser pobre y despreciado y dedicarse a tareas despreciables. Debe contentarse con el hecho de que su obra agrada a Dios y, en segundo lugar, confiar que Dios ciertamente le dará sustento, desde que la persona trabaje y se esfuerce con todo empeño.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte
Vida Matrimonial · 1522 / Asuntos Matrimoniales · 1530

Divorcio y abandono

Lutero reconoció el divorcio en casos de adulterio y abandono, pero siempre buscando primero la reconciliación.

Cristo admite el divorcio por el adulterio. Así como es elogiado José como justo por no querer difamar a María pues prefirió abandonarla, así el esposo puede hacer dos cosas frente al adulterio de su esposa: puede reprender fraternalmente a su mujer en secreto y quedarse con ella, si ella propone enmendar su vida; o bien puede abandonarla como se propuso José. De la misma manera puede proceder la mujer. Esos dos actos de disciplina son cristianos y loables.

Vida Matrimonial, 1522 — Segunda parte

Cuando un hombre y una mujer no consiguen vivir en armonía, viviendo con odio y discusiones de manera que no consiguen orar ni realizar ninguna otra buena obra, el texto expresa claramente que deben reconciliarse y no divorciarse, o entonces quedarse sin vida matrimonial en el caso de que no consigan reconciliarse y quieran vivir separados.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

Cuando una parte es malvada, la otra debe permanecer con ella, y en caso extremo que la maldad no lo permita, que se divorcie —antes de cometer algo peor— pero que no se vuelva a casar. No hay excusa de que la otra parte fue la culpable, porque nuestro deber cristiano es cargar la cruz, donde una persona purifica a la otra.

Vida Matrimonial, 1522 — Segunda parte

Cada uno tiene el deber de llevar la carga del otro y no debe separarse de él. Por esa razón no permite a los divorciados que se casen nuevamente, a fin de que se les conceda un espacio para la reconciliación y se reencuentren, o hasta forzar o presionarlo a reconciliarse, porque tal vez no tengan el don de la castidad.

El séptimo capítulo de San Pablo a los Corintios, 1523

Los pastores están llamados a aconsejar las conciencias. Es posible que se pueda aconsejar a las conciencias pasando por alto el derecho y las leyes. La conciencia tiene primacía sobre el derecho y no puede ser confundida por él.

Asuntos Matrimoniales, 1530

Es mejor tener paz y sosiego, aun con desventaja y menos derecho, que buscar con intranquilidad un desasosiego interminable y un derecho más exigente y riguroso. Como también dijo Salomón: «No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?» (Eclesiastés 7:16).

Asuntos Matrimoniales, 1530
Los Padres y el Matrimonio · 1524

El papel de los padres

Lutero estableció dos principios claros: los padres no deben forzar a los hijos al matrimonio ni impedirlo, y los hijos no deben casarse sin el consentimiento de los padres.

Es más tolerable que el amor entre dos personas sea separado e impedido, que juntar a la fuerza a dos personas que no tienen afección ni amor la una para con la otra, porque en el primer caso el sufrimiento dura poco tiempo; en cambio, en el segundo caso se ha de temer un infierno eterno y una infidelidad para toda la vida.

Los Padres no deben forzar a los Hijos al matrimonio ni impedirlo, 1524

La autoridad paterna tiene un objetivo y límite al cual no se puede sobrepasar. Ella jamás puede perjudicar o destruir al hijo, especialmente a su alma. Cuando un padre obliga al hijo a un casamiento donde no siente la voluntad ni el amor, ahí traspasa sus límites y va más allá de su autoridad.

Los Padres no deben forzar a los Hijos al matrimonio ni impedirlo, 1524

Desde el punto de vista cristiano, las cosas deben correr de tal forma que ambas partes estén de acuerdo y conscientes: que el padre no entregue al hijo en casamiento sin la voluntad y la aceptación del hijo, como está escrito en Génesis 24:57 que primero se preguntó a Rebeca y que ella concedió su pleno consentimiento en volverse la mujer de Isaac.

Los Padres no deben forzar a los Hijos al matrimonio ni impedirlo, 1524

No existe autoridad mayor y más noble sobre la tierra que la de los padres sobre los hijos, ya que tienen autoridad espiritual y secular sobre ellos.

Vida Matrimonial, 1522 — Tercera parte
Catecismo Menor y Catecismo Mayor · 1529

El Sexto Mandamiento en los catecismos

En 1529, Lutero publicó el Catecismo Menor y el Catecismo Mayor, donde resume la enseñanza sobre el matrimonio bajo el Sexto Mandamiento: «No cometerás adulterio.»

Catecismo Menor

«No cometerás adulterio.» ¿Qué significa esto? Debemos temer y amar a Dios de modo que llevemos una vida casta y decente en palabras y obras, y que cada cual ame y honre a su cónyuge.

Catecismo Menor, Sexto Mandamiento

Catecismo Mayor

En el Catecismo Mayor, Lutero desarrolla extensamente el Sexto Mandamiento, conectándolo con la vocación matrimonial y la dignidad del estado conyugal.

Este mandamiento se refiere en particular al estado del matrimonio y da ocasión de hablar de él. En primer lugar, debemos saber que Dios honra y alaba el estado matrimonial, pues con su mandamiento lo confirmó y protegió. Lo confirmó cuando dijo en el Cuarto Mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre»; y aquí lo protegió cercándolo como con un muro cuando dice: «No cometerás adulterio.»

Catecismo Mayor, Sexto Mandamiento

Por eso quiere también que lo honremos nosotros, que lo tengamos y ejerzamos como un estado divino y bienaventurado, puesto que lo ha instituido antes que todos los demás, y por eso creó al hombre y a la mujer separadamente, no para la deshonestidad, sino para que se mantuvieran juntos, fueran fecundos, engendraran hijos, los alimentaran y los educaran para honra de Dios.

Catecismo Mayor, Sexto Mandamiento

Por eso ha concedido Dios a este estado, sobre todos los otros, la más alta bendición: que en él se encuentre y sirva todo lo que hay en el mundo, y lo ha confirmado con los demás mandamientos. De aquí que no sea un estado de burla ni meramente un estado carnal, sino un asunto serio y una ordenación divina.

Catecismo Mayor, Sexto Mandamiento

Sábelo, pues, que Dios quiere que se honre y mantenga este estado, que no está en poder del hombre suprimirlo o deshacerlo, porque es su propia institución, hecha antes de que existiera ninguna otra, y por eso la creación del hombre fue pensada así: que el hombre tuviese esta compañera en la vida, para servirle y estarle al lado.

Catecismo Mayor, Sexto Mandamiento
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La doctrina del matrimonio según Martín Chemnitz

Las cuatro bendiciones del matrimonio según la Examinación del Concilio de Trento de Chemnitz: fecundidad, felicidad del hogar, éxito en la comunidad y la cruz. Un material inédito en español, desarrollado en el contexto de la maestría en teología del Seminario Concordia de Brasil.

Por Rev. Juan Pablo Lanterna · 15 páginas · PDF

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